Hatebreed – Weight of the false self

Lo reconozco. Pocas bandas hay que despierten en mi un sentimiento culpable, como Hatebreed con un disco nuevo. Esa rabia que desprenden se adueña de mi, y consigue aflorar mis más bajos instintos y mis sentimientos más salvajes. Y más en directo, pocas terapias de control de la agresividad pueden ser más efectivas. Otra hubiera sido la película si Jack Nicholson le hubiera puesto a Adam Sandler un disco cualquiera de los americanos en su curso de control de la ira. Seguramente le habría reventado la cabeza con un bate, o con la raqueta de John McEnroe, que también andaba por allí...

Hatebreed son lo que son. Seguramente estemos frente a un caso parecido a AC/DC, en lo que a fidelidad a un sonido se refiere, pero dentro de otro panorama estilístico. Poco o nada se alejan de su sonido, salvo contadas excepciones, pero uno es capaz de identificar cualquiera de sus temas. Desde los machacantes y asesinos riffs de guitarra a la inconfundible voz de Jamey Jasta, no es muy difícil reconocerlos a los 10 segundos de empezar un tema. Grabaciones impecables, salvo contadas excepciones, defienden una sólida carrera de unos cuántos años. A mi personalmente, es una banda que me recarga las pilas, y un chute de energía no viene mal después de los meses que llevamos, y el panorama que nos queda por delante.

"Weight of the false self" es ya el octavo trabajo de la banda, y como no puede ser de otra manera, arranca con una torta de mano abierta en toda la cara que te tatúa en la cara "Instictive(Slaughterlust)". Guitarras incisivas, batería atronadora y machacante, y Jasta escupiendo con rabia."Let them rot" airea sus influencias más hardcore con esos coros al unísono tan características, y esas partes machaconas ideales para saltar en directo. Un alegato para poner las cosas en orden irrumpe con "Set it right(Start with yourself)", un tema acusador que revela que si nada a tu alrededor está bien, quizá deberías preguntarte si no eres tu el problema. Tan provocador como cierto, al igual que sus tempos, que te señalan con el dedo. Llega el tema título con voces que salen de las entrañas y esos curiosos juegos vocales que se marcan en los coros, reduciendo la velocidad al final para que el mensaje quede claro. Guitarrazos nos dan la bienvenida en "Cling to life", un tema lento, pero que aporta melodía, alejándose un poco de la típica composición de Hatebreed. En "A stroke of red" es el bajo el que lleva la voz cantante, mientras una guitarra machacona y destructiva para preparando el terreno para los coros. Ojo al cambio de ritmo del final que os hará caer de culo.

Tras la embestida anterior, seguimos a piñón con "Dig your way out", un poco más punkarra. La intensidad parece que no va a decrecer, así que "This I earned" sigue la estela, y acabará en directo con todo el mundo puño en alto gritando su título. Alas te da, como si fuera una bebida energética, "Wings of vulture", un tema para saltar hasta las nubes mientras meneas la cabeza y agitas el puño. "The herd will scatter" es uno de los temas más brutos de su carrera, y "From gold to gray" uno de los más acelerados. Y para cerrar, un oscuro "Invoking dominance", un tema crudo y despiadado, que te deja con ganas de más. Y con ganas de destrozar algo...

A eso me refiero. Tal vez sea la última review que escriba en algún tiempo, porque no me apetece ahora mismo otra cosa que pegarle un puñetazo a la pantalla, tirar la torre por la ventana, o partir la mesa por la mitad. Esa energía que me insufla esta banda, pocas más lo consiguen (y escucho a muuuuuchas bandas). Sólo me queda escucharlo en el gimnasio, y ver si con él sonando, bato todos los récords de levantamiento, de velocidad en cinta o de intensidad en elíptica...Para mi, discazo y punto. Sin discusión.

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