Elisa C. Martín: «Debutar finalmente bajo mi propio nombre es la batalla más personal hasta la fecha, pero es profundamente liberador»
Elisa C. Martín es, sin duda, una de las voces más reconocibles del heavy metal español. Con una trayectoria sólida y coherente, su nombre ha quedado ligado a algunas de las bandas más influyentes del género, consolidándose como una frontwoman carismática y versátil. Su salto a la fama llegó como vocalista de Dark Moor, donde participó en discos clave que marcaron a toda una generación de seguidores del power metal. Posteriormente, continuó su carrera en proyectos como Dreamaker, Hamka o Fairyland, demostrando siempre una capacidad única para adaptarse a distintos matices dentro del metal sin perder su identidad.
A lo largo de los años, Elisa ha construido un bagaje artístico basado en la constancia, la pasión y una voz inconfundible, capaz de moverse entre la potencia y la sensibilidad con total naturalidad. Su recorrido la ha llevado a escenarios internacionales y a formar parte de producciones muy diversas, convirtiéndola en una figura respetada dentro y fuera de España.
Ahora, tras décadas de experiencia, la artista da un paso especialmente significativo: el lanzamiento de su primer disco en solitario bajo su propio nombre. Un trabajo que no solo representa una nueva etapa en su carrera, sino también una declaración de intenciones, donde Elisa se muestra más personal, libre y fiel a su esencia que nunca.
Con motivo de este esperado debut, en Confined Rock! hemos tenido la oportunidad de charlar con ella sobre su trayectoria, su evolución artística y todo lo que hay detrás de este nuevo capítulo. Una conversación cercana en la que descubrimos a la artista más allá de los escenarios.
Elisa, después de tantos años al frente de bandas icónicas como Dark Moor, Hamka o Fairyland, ¿qué sentiste al ver finalmente tu nombre en solitario en la portada de un disco?
Sentí una mezcla muy potente de vértigo y libertad. Durante muchos años he formado parte de proyectos maravillosos, pero siempre había una identidad compartida. Ver mi nombre en la portada es asumir toda la responsabilidad, sin filtros. Es desnudarme completamente como artista, y eso da miedo… pero también es profundamente liberador.
Te apodan "La Guerrera" desde hace décadas; ¿en qué medida este nuevo proyecto es la batalla más personal que has librado hasta ahora?
Sin duda es la batalla más personal de todas. Antes luchaba por sacar adelante proyectos, por encajar, por demostrar… pero aquí la lucha ha sido interna. Contra mis propios límites, mis miedos, mis creencias. “La Guerrera” ya no es solo una actitud hacia fuera, es una forma de sostenerme por dentro. Este disco es el resultado de esa guerra silenciosa que he mantenido conmigo misma.
Has mencionado que superar el "síndrome del impostor" fue parte del proceso de Nothing Without Pain, ¿cómo lograste silenciar esa voz interna para tomar las riendas totales de tu carrera?
No la silencié… aprendí a convivir con ella. Esa voz sigue apareciendo, pero ya no decide por mí. Lo que cambió fue mi enfoque: dejé de buscar validación externa y empecé a construir desde el trabajo, la disciplina y la coherencia. Cuando haces lo que tienes que hacer cada día, la duda pierde fuerza. No desaparece, pero deja de ser un obstáculo.
El álbum fue grabado en California con el productor Damien Rainaud; ¿cómo influyó la escena de Los Ángeles en el sonido final comparado con tus raíces en el Power Metal europeo?
La escena de Los Ángeles aporta una mentalidad muy abierta. Allí no hay tanto apego a etiquetas, hay más enfoque en el sonido, en la emoción, en lo que transmite la canción. Eso me permitió salir un poco de los patrones del Power Metal europeo y explorar otras texturas, sin perder mi esencia. Ha sido una combinación muy enriquecedora.
En las letras de este trabajo hay un fuerte componente biográfico; ¿cuál fue la canción más difícil de escribir por la carga emocional que conllevaba?
Las canciones más difíciles siempre son las que te obligan a mirarte sin filtros. Hay temas en el disco que nacen de momentos muy duros, de decisiones importantes, de pérdidas internas… Por ejemplo el tema “Dear Daddy” fue especialmente duro de escribir ya que habla de cuando mi padre nos abandonó a mi hermana, mi madre y a mi para irse con otra familia. Lo pasé muy mal, porque mi padre era mi héroe y la persona a la que más quería…, así que, cada vez que tengo que cantar este tema en directo me cuesta bastante por la carga emocional que lleva.
Musicalmente, el disco combina Heavy Metal clásico con toques modernos; ¿buscabas distanciarte deliberadamente del Power Metal neoclásico de tus inicios o es una evolución natural?
Es una evolución completamente natural. Yo no reniego de mis raíces, al contrario, forman parte de mí. Pero como artista necesitas crecer, explorar, cambiar. Este disco refleja quién soy ahora, no quién era hace 25 años. Y eso se nota tanto en la música como en la forma de interpretar… Aunque te voy a decir que llevo el Power Metal muy dentro de mi, y como dicen, “la cabra tira al monte” y por eso mis melodías vocales suelen tener ese toque melódico que tanto caracteriza al power.
Recientemente anunciaste que tu banda para el directo ya está al completo; ¿quiénes son los músicos que te acompañarán y qué buscabas en los músicos que te acompañan ahora para que encajaran con tu visión actual?
Quiero decir que lo que buscaba en una banda era actitud, compromiso y sensibilidad musical. Necesitaba músicos que entendiesen que esto no va solo de tocar bien, sino de construir algo juntos sobre el escenario. Gente con hambre, con respeto por el proyecto y capacidad de adaptarse a mi propuesta musical. Después de mucho tiempo tengo la banda que siempre he querido.
Te presento a mis guerreros:
- Carles Salse: guitarra
- Pablo Nogueira: guitarra
- Jordi Steeler: bajo
- Neil Gomez: batería
En tus conciertos actuales mezclas temas nuevos con clásicos de toda tu trayectoria; ¿cómo conviven canciones de Dark Moor o Dreamaker con el material de Nothing Without Pain en un mismo setlist?
Conviven muy bien porque todo forma parte de la misma historia. No intento separar etapas, sino integrarlas. Hay canciones que marcaron una época y otras que representan quién soy ahora. El público lo entiende y lo vive como un viaje completo.
Mirando hacia atrás, has sido premiada como mejor vocalista femenina en España durante años consecutivos; ¿cómo ves la evolución de la presencia femenina en el metal español desde que empezaste hasta este 2026?
Ha habido una evolución muy positiva. Ahora hay muchas más mujeres en el escenario, en la producción, como técnicas de sonido… y eso es fantástico. Pero aún queda camino por recorrer. Lo importante es que cada vez se valora más el talento por encima de todo lo demás, y eso es lo que realmente hace crecer la escena.
Además de tu faceta como intérprete, sigues volcada en tu escuela de canto Singerfit; ¿qué es lo más importante que intentas transmitir a las nuevas generaciones de cantantes de metal?
Sobre todo quiero que entiendan que la voz no es solo técnica. Es cuerpo, mente y emoción. En Singerfit trabajamos desde esa integración. Intento que entiendan que no se trata de forzar ni de imitar, sino de coordinar, de conocerse, de construir una voz sólida y sana que te dure toda la vida. Y sobre todo, que desarrollen una mentalidad fuerte. Sin eso, no hay carrera que aguante.
Para terminar, Elisa: tras este primer paso en solitario, ¿estás ya trabajando en nuevas composiciones o tienes en mente algún proyecto paralelo que nos vaya a sorprender pronto?
Siempre estoy creando. Este proyecto en solitario es solo el principio de lo que espero que sea una larga carrera. Ya hay ideas nuevas, nuevas canciones y también otros proyectos en desarrollo, tanto musicales como dentro de Singerfit. También sigo explorando mi faceta como escritora, estoy escribiendo un segundo libro sobre mi vida en la música y también un libro sobre mi filosofía Singerfit. Me encuentro en un momento de mucha claridad y mucha energía, así que vienen cosas… y vienen fuertes.
Javi Metal
Un poco de mala hostia.
Una porción grande de locura.
Unas rayitas de alegría e ilusión.
Y como siempre bastante cabezón.
