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El regreso sísmico de Corrosion Of Conformity a Razzmatazz Barcelona, que sucumbe de nuevo al stoner metálico de la banda, pero Corrosion Of Conformity demostraron en la sala Razzmatazz que el tiempo no debilita, sino endurece.

La banda estadounidense regresó rota por bajas sensibles, pero reconstruida con una solidez asombrosa. Pepper Keenan y Woody Weatherman han sabido mutar la piel del grupo: el coqueteo alternativo de los noventa ha muerto para dejar paso a un stoner metal pesado, agresivo y directo a la yugular.

El concierto prescindió de artificios y teloneros. La banda no necesitó calentar el ambiente porque el público ya venía revolucionado de casa.

El arranque fue un golpe de autoridad estratégico. Mientras los altavoces escupían una intro instrumental, los nuevos fichajes, el bajista Bobby Landgraf y el batería Nick Shabatura, saltaron al escenario para camuflarse con el sonido ambiente.

Ellos detonaron los primeros acordes de “Asleep on the Killing Floor”, preparando el terreno para que Keenan y Weatherman entraran al escenario bajo una ovación atronadora. Acto seguido, “My Grain” confirmó que la noche no daría tregua.

Landgraf merece mención aparte. Su incorporación es un triunfo absoluto; el bajista desborda un carisma y una actitud tan salvajes que parece llevar tres décadas en las filas de la banda americana.

El ecuador del concierto fue una exhibición de músculo sonoro. Hits de la vieja escuela como “Who’s Got The Fire?” y “Seven Days” desataron los primeros pogos y pusieron a prueba las cervicales de la sala.

El directo ha inyectado una dosis extra de brutalidad a las nuevas composiciones: “Lose Yourself” y “You and Me” rugieron con mucha más agresividad que en sus versiones de estudio, ganándose el estatus de futuros clásicos.

La conexión con Barcelona fue tan orgánica que el grupo se saltó el guion previsto. Tras “Diablo Blvd”, regalaron por sorpresa “Paranoid Opioid” a una masa de seguidores totalmente entregada.

Ni siquiera un fallo técnico en los amplificadores de la sección rítmica durante “13 Angels” logró enfriar la caldera en la que se había convertido Razzmatazz. El ritmo se mantuvo frenético con “Shake Like You” y “Señor Limpio”.

El concierto avanzó como un torbellino de hora y media sin apenas pausas. Los únicos respiros llegaron cuando Pepper Keenan tomó el micrófono para disculparse por haber tardado una década en volver y para agradecer la fidelidad del público catalán.

El tramo final fue demoledor, encadenando “Baad Man”, “Gimme Some More”, “Born Again for the Last Time” y una incendiaria “Vote with a Bullet”.El clímax llegó en los bises rozando las dos horas de directo. “Albatross” y “Clean My Wounds” desataron la locura colectiva y una lluvia constante de crowd surfing.

El único punto negro de la velada fue, el volumen instrumental fue tan desmesurado que, por momentos, los decibelios sepultaron por completo la voz de Keenan.

Más allá de ese desajuste técnico, el veredicto es incontestable. Quizás esta no sea la formación mítica de hace treinta años, pero poco importa. Lo que ofrece el presente es una banda cohesionada, en un estado de forma envidiable y con un sonido compacto que asegura el futuro del grupo.

 

Crónica: Javi Metal , Fotografías: Alvar Luis Galbalda