IMG_9384

¡La tormenta de Barcelona no fue nada comparada con el huracán que estaba por desatarse!

El cielo se caía a pedazos, los días sangraban gris y la ciudad entera estaba asfixiada por una semana de lluvias implacables.

Necesitábamos un milagro, un maldito cable a tierra que nos devolviera la electricidad a nuestros cuerpos.

Y entonces, como un relámpago de puro Rock 'n' Roll, llegaron ellos. EUROPE pisó la Ciudad Condal no para dar un concierto, sino para salvarnos de la maldita monotonía otoñal a base de himnos, sudor y pura energía positiva.

El Hivernacle del Poble Espanyol se convirtió en nuestro búnker. Una carpa salvadora blindaba la plaza contra el diluvio exterior, transformando el recinto en una olla a presión lista para estallar, con un lleno rozando el sold out.

El fuego comenzó a propagarse temprano. Desde las entrañas de Canadá, THE DAMN TRUTH saltó al escenario con el hambre de quien quiere conquistar el mundo en cuarenta minutos.

La banda es una máquina del tiempo directa a los salvajes años 70. Al frente, una incombustible Lee-La Baum, coronada con su icónica diadema de orejas de gato, desgarró el alma con una voz celestial y salvaje.

Himnos como "Be Somebody" y "Love Outta Luck" sacudieron los cimientos del lugar. Con "The Willow", el Hivernacle contuvo el aliento en un aplauso cerrado, para luego derretirse ante los riffs pesados y el ritmo adictivo de "This Is Who We Are Now", "All Night Long" y esa bestia expandida llamada "Lonely".

Se marcharon con "Tomorrow", dejando tras de sí un reguero de sonrisas y el ambiente al rojo vivo.

A las nueve de la noche, empezo a sonar "Highway Star" de Deep Purple. Ya no había vuelta atrás Europe salto al escenario. La temperatura se disparó a niveles insoportables cuando el pie de micrófono de Joey Tempest tomó su lugar en el centro del cuadrilátero. Uno a uno, las leyendas del sonido melódico ocuparon sus puestos: John Norum, John Leven, Mic Michaeli e Ian Haugland.

El estallido de locura colectiva fue total cuando Tempest apareció en escena con una sonrisa capaz de iluminar toda Barcelona. Arrancaron sin dar tregua con "Scandinavian Eyes", encadenándola con la épica contemporánea de "Walk The Earth".

Pero la verdadera comunión pagana ocurrió cuando el público y la banda rugieron al unísono el super hit "Superstitious" que se apoderó de nuestros cuerpos. Aquello era puro groove, el optimismo inyectado directamente en el torrente sanguíneo de una audiencia que idolatra a estas leyendas viva y su musica imperecedera que sin duda ya esta pasando de generacion en generacion.

Dando cátedra de madurez, la banda nos deslizo por su etapa más introspectiva y pesada con "One On One" demostró la solidez de una banda que ha envejecido como el mejor de los vinos. "Last Look At Eden" tiñó el escenario de un rojo pasional y casi místico y "War Of Kings" retumbó gracias al denso y monolítico riff de la guitarra de un imperial Norum.

De pronto, el escenario quedó desierto, salvo por Joey, Mic e Ian. El inicio acústico y vulnerable de "Prisoners In Paradise" erizó la piel de los presentes, creciendo en un clímax salvaje cuando Tempest se colgó la eléctrica para desatar la tormenta perfecta con toda la banda.

Sin darnos respiro, nos golpearon con el presente: "The Cult Of Ignorance", un cañonazo de su nuevo álbum "Come This Madness", demostrando que no viven del pasado. Aunque el pasado, cuando suena con la nostalgia de "On Broken Wings" y se acompaña de imágenes ochenteras en las pantallas verticales, es capaz de hacer llorar al rockero más veterano, doy fe que se me cayeron algunas lagrimas furtivas y vi a mas de una persona emocionarse a mi alrededor.

Y entonces, entramos al núcleo del sol: la celebración del 40 aniversario de "The Final Countdown".

No recurrieron al truco fácil de empezar por el principio. ¡Abrieron fuego con "Rock The Night" y la carpa casi sale volando! La histeria colectiva continuó con "Carrie", un coro de miles de gargantas rompiéndose las cuerdas vocales, precedido por los gritos ensordecedores de las fans que revivieron la época dorada del grupo.

Justo después, Europe nos regaló un momento delirante e histórico. En un castellano impecable, Joey miró al público y soltó: "¡Vamos a ensayar!". Lo que siguió fue un sketch cómico brillante, puro teatro satírico sobre las tablas. Los técnicos subieron a escena a mitad de la función para entregarle la letra en folios, plantarle un sillón en medio del escenario, afinar guitarras en vivo y cambiar los platillos de la batería mientras Ian seguía tocando como si no hubiera un mañana. Un interludio desenfadado que demostró la descomunal complicidad de una banda que no ha perdido el sentido del humor.

Tras las risas, volvieron a ponerse mode nostagia total, con "Ninja" un viaje visual a Japón con solos de guitarra quirúrgicos y perfectos por parte de Norum. "Cherokee" un mazazo de adrenalina pura que puso a vibrar el suelo del Poble Espanyol. "Time Has Come" la calma tras la tempestad.

Joey con la acústica, recordando con emoción los días en que mezclaban el disco en San Francisco y agradeciendo cuatro décadas de una fidelidad inquebrantable. "Heart Of Stone" y "On The Loose" mantuvieron la tensión a tope de un directo descomunal.

Y como regalo para los coleccionistas de momentos únicos, nos bendijeron con "Love Chaser", una joya oculta que rara vez ve la luz en directo.

El amago de retirada duró apenas unos segundos. Todos sabíamos qué hora era. Era el momento de invocar al monstruo en formato super hit.
Sonaron las míticas notas de teclado de "The Final Countdown". Una melodía grabada a fuego en el ADN de la humanidad. El Hivernacle se convirtió en un autentico frenesi desenfrenado. Nadie se quedó quieto: la banda saltaba, el público botaba en un trance colectivo y un mar de pantallas de teléfonos intentaba capturar un trozo de eternidad.

Fue un final apoteósico, épico, casi religioso. Mientras los acordes morían y los cánticos de victoria de la gente retumbaban en las paredes, los músicos se despidieron con los ojos brillantes de gratitud, arropados por una gigantesca bandera catalana proyectada en el escenario.

Afuera podía seguir lloviendo a cántaros, pero adentro, Europe nos había devuelto la luz de la musica.

¡Qué viva el Rock 'n' Roll!

 

Crónica: Javi Metal y Fotografías: David Aguilar