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El Hard Rock es ese fenómeno cíclico que nunca se extingue, es un incendio cesante que, justo cuando crees apagado, resurge con una violencia predecible y necesaria.

Es ese "placer exquisito" que muchos disfrutan en la sombra y que, de repente, explota en la cara de una audiencia que dobla la edad de los músicos, aferrándose a ellos como si fuera la última gran oportunidad de sus vidas, de disfrutar de algo que es verdaderamente autentico.

¿Son The Southern River Band los elegidos para liderar esta reconquista?

Los datos que los avalan son verdaderamente muy reales: sold outs masivos en esta gira por Europa y el honor de haber abierto para los mismísimos AC/DC en su tierra natal, son señales que indican cosas muy esperanzadoras.

Aunque EE. UU. sigue siendo su asignatura pendiente, en Europa y Australia ya son una realidad incontestable.

El rock es el ADN total de esta formación Australiana. Cal Kramer, un líder absoluto que viaja ligero de ropa pero sobrado de magnetismo, marca el pulso con una autoridad casi dictatorial sobre el escenario.

A su lado, Pat Smith inyecta un groove de bajo que te golpea en el pecho, mientras Dan Carroll y Tyler Michie ejecutan una clase magistral de cómo hacer rugir las influencias clásicas con una precisión quirúrgica.

A pesar de las dudas iniciales sobre el enfoque más light de su último trabajo, “Easier Said Than Done (2025)”, el repertorio demostró que esas piezas encajan como un guante en las manos de un boxeador antes de noquearte.

Desde el cañonazo inicial de “Don’t Take It To Heart” hasta el himno macarra “Fuck You, Pay Me”, la banda demostró su versatilidad y alegria sobre el escenario. El clímax llegó con la brutal dupla de “Vice City III” y “Vice City II”: un viaje que va desde la finura de Cheap Trick hasta el sudor de macarrismo de Rose Tattoo.

Sin embargo, en el olimpo del rock no basta con sonar perfecto. Aunque hubo amagos de rebeldía con esa botella de whisky, al show le faltó un grado de combustión espontánea, pero esa esencia ya es muy difícil de encontrar en la industria de ahora, así que no se les puede achacar esto a su directo.

En un género que se alimenta visceralmente del sudor, la sangre y las lágrimas, el futuro no muy lejano podría encumbrar definitivamente a The Southern River Band.

Tienen las canciones y la pegada, pero su destino final depende de un solo factor: dar el salto definitivo para convertirse en auténticos 'animales de escenario'. Si logran desatar esa fiera, no cabe duda de que el trono del hard rock será suyo por derecho propio."

Crónica: Javi Metal y Fotografías: Alvar Luis Gabaldà