The Gasölines – Cannonball Run

En verano el cuerpo me pide Rock and Roll. Más horas de sol, más viajes largos, más ganas de diversión y algunas que otras cervezas bien frías. Ingredientes todos ellos  que casan mejor con este estilo, que algunas bandas de metal extremo. Ya me he dado cuenta últimamente que me inclino por sonidos menos enrevesados, que me produzcan una sensación de bienestar directa y sin digestiones complicadas. No quiero decir con ello que The Gasölines sean planos para nada, y mucho menos un remanso de paz con el que relajarse, porque su high-energy te enchufa un buen chute de líquido refinado que te pone el motor a 5000rpm fácilmente. Los noruegos editarán "Cannoball Run" el próximo Septiembre, pero nos han permitido amablemente darle una escucha a su nuevo trabajo, que si me acompaña en mi trayecto vacacional, me hará recorrer mi trayecto en la mitad de tiempo que vaticina Google Maps.

Son 10 temas los que conforman este LP, arrancando con el single y protagonista del primer video "Autobahn Outlaws", un rápido tema de rock forajido con múltiples solos veloces, y un ritmo muy punkarra. Una versión noruega de Motörhead capaz de arrojar un fuerte par a tu motor decibélico. La voz de Sindre queda perfectamente engrasada en la maquinaria propulsada por la batería de Adrian (que también se encarga de las guitarras) y el bajo de Morten. La siguiente "Go!Go!Go!" ya muestra la urgencia desde que lees el título. Un tema más de escuela Gluecifer, con mucha contundencia y buenos guitarrazos, en la que Sindre se desgañita de lo lindo. En directo se pueden liar unos buenos pogos durante el estribillo y alguna pared podría caer derrumbada ante una audencia desbocada. Encontramos detalles a las seis cuerdas en casi todos los temas, como por ejemplo en el lucido inicio de "Last dollar", y es que el mismo Morten es quien ensalza a su guitarrista, calificándolo como uno de los mejores de la escena. Respecto al tema, relaja un poco los pistones, mientras el bajo y la batería martillean sin piedad. Al final del tema encontraréis otro solo y entenderéis mejor las palabras de Morten hacia su hacha. El tempo inicial de "Booze, gambling and Hotrods" ya nos deja ver que estamos ante un tema diferente, más rockero y menos punk. El vocalista afloja un poco su timbre, porque es tema más de actitud que de presencia, de desarrollo más cadencioso, más crudo. Vuelven a apretar el acelerador a ritmo de "Chicken race with the devil", rock bastardo acelerado por un nitro distorsionado en la que hasta las voces recuerdan a Lemmy en algunos versos.

Siguen a todo trapo por la autopista hacia el infierno con el vigoroso ritmo de "Speed freaks", totalmente desbocado y vertiginoso. Hay un ligero parón acercándonos al final, pero es como parar en la estación de servicio a rellenar el depósito para seguir a 200km/h hasta tu destino. Bajo y batería aplanan el terreno para la tormenta de "Demolition derby", menos vistosa que las anteriores porque pierde algo de potencia, aunque revoluciona el motor al llegar a estrofas determinadas. Nuevamente, un lujo escuchar las guitarras de Adrien, que verdaderamente está muy inspirado en todo el trabajo. "Fireball garage" es otra bomba incendiaria de rock and roll, mucho más desenfada y festiva, con algún toque boogie y rockabilly. De las que más se salen de las directrices del resto de pistas y también de las que más destacan, quizá por ese hecho diferencial. La penúltima "Queen of hearts", tiene un ritmo más machacón de rock más sencillo con mucha actitud. Cierra la divertida "Whiskey blues", muy del Mississipi, con un sonido muy de raíces americanas...hasta que enchufan los instrumentos y la cosa se va de madre. Muy de cerrar un show por todo lo alto, con la que te da tiempo de acabarte la cerveza y estampar la botella contra la pared ante el huracán que se viene encima.

El mismo Morten Gasöline nos contó que no tenían más pretensión que divertirse y pasarlo bien con este álbum, y eso se nota en la actitud desenfadada de los temas. Eso no implica que no te tomes a la banda en serio, porque su oferta es divertida y convincente, y yo estaría más que dispuesto a compartir una noche de sábado con ellos en una sala sudorosa con más personas dispuestas a pasar una noche de desenfreno rockero.

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