Rock The Sun 2026 Day 2 – 19/09/2026. Poble Espanyol (Barcelona)
Sudor, cuero y eternidad. El rock de vieja escuela no se explica, se sobrevive. La noche que el Rock the Sun incendió Barcelona
La segunda jornada del Rock the Sun en Barcelona no fue un simple desfile de bandas, sino una comunión de supervivientes, decibelios y nostalgia inyectada en vena.
Aunque el asfalto barcelonés volvía a quemar como el día anterior, incluso mucho mas fuerte, llegamos bien temprano para despertarnos con la propuesta aguerrida de los murcianos Lonely Fire, que prendían el fuego de la segunda jornada del Rock the Sun con su Hard Rock clásico, que nos divirtió de lo lindo y dio el pistoletazo inicial al día magico que nos esperaba.
El siguiente en salir al escenario, fue un tipo que destila clase y macarrismo al mismo tiempo, Lane Lazy y sus Jolly Joker.
Treinta minutos de reloj bastaron para que el valenciano y sus secuaces demostraran que la actitud no se negocia. Con una sección rítmica que por momentos evocaba el descaro más puramente made in USA, estiraron la intro para luego golpear con "Sky Is so High" y presentar el arsenal de su nuevo disco con "My Little Cadillac".
Hubo conexión, patadas al aire y una gratitud enorme hacia todos, desde los promotores hasta el personal de barras. Cerraron con "I just Wanna Kiss You", un guiño directo al pulso acelerado de los Ramones, demostrando que en este país pocos dominan la cercanía escénica como ellos. Cumplieron y convencieron.
Si el festival tuviese que elegir una reina del Rock, el trono sería indiscutiblemente para Chez Kane.
Esta mujer está bendecida para las grandes ligas. Ataviada con piel de tigre y respaldada por un quinteto que funciona como un reloj suizo, desató un vendaval de hard rock ochentero que recordaba a lo mejor de los sonidos 80´s, pero con un músculo y pegada muy actual.
"Personal Rock n Roll" y "Too Late for Love" metieron al público en el bolsillo. Con un guitarrista completamente soberbiamente exagerado y de unos coros pregrabados demasiado evidentes por parte de la banda, la diva se adueñó del recinto.
El calor de la tarde pareció evaporarse cuando sonó "Tongue of Love" y el tramo final con "Rocket on the Radio" y "Powerzone" desató la locura.
Esta diva demostró que su descomunal voz y su cercanía, la convierten en el futuro del género, sin ninguna duda.
Lo de Faster Pussycat fue una lección de pura supervivencia sleazy y todo una sorpresa que nadie vio venir. Olvidad los experimentos industriales de su etapa intermedia, Taime Downe ha vuelto a las raíces macarras.
El tipo, golpeado por la tragedia tras el suicidio de su prometida, apareció irreconocible pero con la voz armada y el alma intacta. Junto a él, una banda demoledora donde el batería Chad aportaba unas réplicas vocales espectaculares y la dupla de Kieran Robertson a la guitarra y un imponente Danny Nordahl al bajo sostenían el muro de sonido indestructible.
Recuperaron los clásicos de sus dos primeros álbumes: "Cathouse" y "Slip of the Tongue" sonaron sucias y perfectas. Aunque material más reciente como "Like a Ghost" también nos sentó de maravilla, la cosa fue antológica gracias a temazos como "House of Pain" y a una enorme versión del "You’re so Vain" de Carly Simon.
El final, con novias y amigos invadiendo el escenario, fue un desmadre absoluto a ritmo de "Where there’s a Whip, there’s a Way", "Bathroom Wall" y un "Babylon" que mutó en un salvaje homenaje a Motörhead con "Ace of Spades".
Lo de los suecos Treat fue una exhibición de clase a borbotones. Enmarcado en lo que se anuncia como su gira de despedida, el grupo demostró que los años no hacen mella en los supervivientes de los 80.
Con una puesta en escena impecable, "One Minute to Breathe" y "Papertiger" dejaron claro que su sonido pulcro e inmaculado demanda estadios, no salas pequeñas. Robert Ernlund, luciendo sombrero bajo focos lilas en la balada "We Own the Night", nos tuvo a todos a sus pies.
El grupo no vive del pasado; temazos de su cosecha de 2022 como "Home of the Brave" y "Freudian Slip" demostraron que su madurez compositiva es asombrosa.
Tras el colosal solo de Anders Wikstrom en "Conspiracy" (un clásico de 1989) y el delirio festivo de "World of Promises", la banda se despidió del publico de Barcelona, solo puedo decir que espero que no sea la ultima vez que los pueda ver, porque su actuación fue algo sublime.
La traca final no admitía sorpresas porque cuando Michael Monroe sube al escenario, el mundo se reduce a decibelios y actitud, este tipo es una puta estrella del Rock & Roll en mayúsculas.
El finlandés es un ciclón incombustible. Arrancar con "Dead, Jail or Rock n’ Roll" es una declaración de intenciones: aquí los coros son de verdad y el rock no lleva aditivos.
Secundado por un extraordinario Sami Yaffa al bajo y la pegada criminal de Frank Ferrer (ex Guns N' Roses) en los parches, Monroe desgranó temas de su nuevo trabajo Outerstellar como "Rockin’ Horse" y "Black Cadillac", con un emotivo recuerdo para Johnny Thunders. La sorpresa de la noche fue rescatar "I Can’t Get It" de Hanoi Rocks, armada con armónica y saxo. El vocalista, que esta vez cambió el andamio por una barandilla lateral, desató el éxtasis colectivo con los himnos de Demolition 23, "Nothin’s Alright" y "Hammersmith Palais".
A partir de ahí, el tramo final fue un viaje sin frenos hacia la nostalgia dorada: "Boulevard of Broken Dreams", "Back to Mystery City", la colosal "Malibu Beach Nightmare" y esa nueva joya que es "Ballad of the Lower East Side".
La fiesta estalló con la versión de la Creedence, "Up around the Bend", dejando los bises para el infarto: el "Ain’t Nothin to Do" de los Dead Boys, el delirio de "Taxi Driver" y un cierre rabiosamente punk con "I Wanna Be Loved".
Una noche y concierto para el recuerdo, que nos recuerda que el nivel de Michael Monroe nunca baja del sobresaliente.
La actuación de este fiera finlandesa puso el broche final a la segunda edición de nuestro queridísimo Rock the Sun que ya empieza a ser un clásico festivalero post verano.
Crónica y Fotografías: Javi Metal
Javi Metal
Un poco de mala hostia.
Una porción grande de locura.
Unas rayitas de alegría e ilusión.
Y como siempre bastante cabezón.
