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El asfalto del Poble Espanyol hervía bajo un sol de justicia y eso que por la mañana del mismo día amenazaban lluvias, pero la verdadera temperatura la marcó el escenario.

La primera jornada del Rock the Sun no solo demostró que el género sigue vivo, sino que las bandas actuales saben perfectamente cómo jugar sus cartas entre la nostalgia de los 80, la energía desbordante y los trucos del directo modernizado.

Muy a mi pesar debido y temas laborales no puede asistir al concierto que iniciaba el festival, de los Barceloneses Redshark.

Así que mi inicio de la velada fue Kilmara, firmando el que probablemente sea el mejor concierto que se les recuerda. Con el público ya entregado, el grupo demostró que su nuevo trabajo, Journey to the Sun, los ha catapultado a otra liga.

Dani ofreció un recital vocal impecable, arropado por una estética ochentera muy visual. La dupla de guitarras entre Carles Salse y Jonathan funcionó como un reloj suizo en temas como "Power of the Mind" y la mítica "Disciples".

Presentaron además a su nuevo batería, Nil, quien demostró estar más que a la altura en un tramo final melódico y demoledor con "Take Me Back" y "Alliance of the Free", nos calentaron y nos divirtieron sin duda.

Desde Noruega llegaba uno de los platos fuertes en cuanto a actitud The Cruel Intentions.

Entrar al escenario con el "Hello" de Cheap Trick ya es asegurar medio partido, y los de Lizzy DeVine cumplieron con creces. Con una estética y un sonido que deudores de Hardcore Superstar, se metieron al público en el bolsillo a base de simpatía y temazos como "Sunrise over Sunset".

Eso sí, el concierto abrió el eterno debate y la tónica de muchas bandas que actuaron en el festival: el uso evidente de coros pregrabados. Aunque para algunos esto reste autenticidad, la entrega de la banda fue tan absoluta que el personal terminó rindiéndose, balanceando los brazos al unísono durante la balada "Salt I ditt Sar".

El batería Robin Nilsson—que haría doblete esa noche—soportó algunos contratiempos técnicos, pero el cierre con "Kerosene", "Chaos in a Bombshell" y el himno "Sick Adrenaline" dejó claro que están listos para conquistar escenarios mayores.

Hay bandas que necesitan el escenario idóneo para brillar, y Crazy Lixx encontró el suyo en Barcelona.

Los suecos salieron a morder con "Rise Above" y "Hell Rising Woman". El sonido fue impecable y, de nuevo, la sombra de los coros pregrabados planeó sobre el ambiente; un detalle molesto para los puristas, pero insignificante ante el espectáculo que ofrecieron.

El concierto fue una fiesta constante con muchos momentos memorables, como la tremenda versión de "Sword and Stone" de Bonfire. Danny Rexon se coronó como el frontman total, se lanzo "21 Til I Die", como se enfundaba la máscara de Jason, empuñando un cuchillo-micrófono.

La sorpresa de la noche llegó cuando se atrevió a entonar unas estrofas del "Barcelona" de Freddie Mercury y Montserrat Caballé, un guiño local que desató la locura antes de encarar el final con "Never Die" y ese himno con riffs de KISS titulado "Who Said Rock n’ Roll Is Dead", un final de bolo sublime.

Ver a Eclipse como cabezas de cartel absolutos es una experiencia de doble filo. Por un lado, la dupla compositiva de Erik Martensson y Magnus Henriksson demostró estar a años luz de la escena actual en cuanto a categoría y elegancia. Por otro, disponer de más tiempo del habitual en un festival les llevó a diluir la intensidad del show con solos instrumentales y secciones acústicas que rompieron el ritmo frenético al que nos tienen acostumbrados.

Aun así, fueron los reyes indiscutibles de la jornada. El arranque con "Roses on Your Grave" y "All I Want" fue un despliegue de clase respaldado por un montaje de luces soberbio.

El fichaje de Adde (ex-Hardcore Superstar) a la batería le da un plus de espectacularidad al grupo. Himnos como "Wake Me Up", "Twilight" y los toques folk de "Things We Love" pusieron a cantar a todo el recinto.

Aunque el ecuador del concierto bajó de revoluciones con "The Downfall of Eden" y un solo de guitarra de Magnus, la electricidad regresó con "Blood Enemies".

El momento más mágico, no obstante, ocurrió en acústico: la interpretación coral de "Battlegrounds" con toda la banda desenchufada erizó la piel de los presentes. El tramo final fue un festival de hard rock de estadio: "Saturday Night (Hallelujah)", "The Hardest Part of Losing You" y la coreada "Runaways" prepararon el terreno para el broche de oro definitivo con "Viva la Victoria" que hizo estallar por los aires el festival y cerro una jornada verdaderamente mágica.

 

Crónica y Fotografías: Javi Metal