NecrosHorns: «Es importante tener una conexión con el sujeto; necesito sentir las emociones»
Foto cedida por NecrosHorns
Hay fotografías que van mucho más allá de inmortalizar un concierto. Imágenes que transmiten la crudeza de una banda, que capturan su esencia y que consiguen convertir un instante en algo incómodo, perturbador o difícil de olvidar. Ese es el terreno en el que se mueve Christopher Dean, conocido en la escena del metal extremo como NecrosHorns, un fotógrafo cuya obra se ha convertido en una referencia para quienes viven el black metal más allá de la música.
Su camino artístico no empezó detrás de una cámara. Antes de dedicarse plenamente a la fotografía, Dean experimentó con la madera, el pirograbado y otras formas de expresión artística, llegando a crear piezas para bandas como Archgoat y Marduk. La fotografía siempre había sido una pasión, pero el salto profesional llegó después de descubrir que tenía una mirada propia para capturar la intensidad de los conciertos. Desde entonces, su trabajo le ha llevado a fotografiar a nombres fundamentales del género, como Nifelheim, Taake, Urgehal, Carpathian Forest o Kampfar, además de presentar su obra en exposiciones internacionales.
Pero reducir NecrosHorns a la fotografía en directo sería quedarse en la superficie. Su universo creativo también se nutre de los viajes, la arquitectura y los espacios cargados de historia, desde catacumbas y osarios hasta lugares que ha recorrido en países como India, Nepal y Tailandia. Una inquietud artística que se refleja en su manera de entender la fotografía: no se trata únicamente de documentar lo que sucede delante del objetivo, sino de buscar aquello que hace que una imagen tenga identidad propia.
Uno de los ejemplos más conocidos de esta forma de entender su trabajo es "The Omen…", la sesión realizada junto a Wraath, vocalista de Darvaza, en la Via Dolorosa de Jerusalén. Una localización cargada de simbolismo religioso que sirvió de escenario para unas imágenes provocadoras, concebidas para desafiar las convenciones y explorar los límites estéticos del black metal. Un proyecto que demuestra hasta qué punto la fotografía de NecrosHorns puede convertirse en una declaración artística por sí misma.
Su conexión con la escena también ha pasado por Barcelona. En el Drums of War, celebrado en Atlantic Events, participó como fotógrafo oficial y compartió espacio con el legendario Christoph Szpajdel, conocido por sus logotipos para bandas de metal extremo. Una presencia que encaja con la filosofía de un festival que, además de los conciertos, quiso dar cabida a otras expresiones artísticas vinculadas a la cultura underground.
En esta entrevista hablamos con Christopher Dean, alias NecrosHorns, sobre sus comienzos, la evolución de su lenguaje visual, la relación entre arte y metal extremo, sus proyectos más personales y las experiencias que han marcado su trayectoria. También nos acercamos a su manera de trabajar y a todo aquello que existe detrás de unas fotografías que no buscan simplemente mostrar una escena, sino dejar huella.
Podéis seguir también su trabajo más personal y otras facetas desde su página web o su Instagram más personal.
Tu trayectoria es fascinante: antes de dedicarte de lleno a la fotografía de metal extremo, fuiste piloto de aviones e incluso sobreviviste a un accidente en el que el motor de tu aeronave estalló en llamas. ¿Cómo afectó esa experiencia cercana a la muerte a tu percepción estética y a tu decisión de sumergirte en el arte oscuro?
Pienso que esta no es una decisión que uno toma, sino que son pasos que van evolucionando y te llevan a ello. Personalmente, pienso que ser artista no es algo que uno estudie. Claro que la técnica se tiene que aprender, pero, sin los sentimientos adecuados, la técnica sería vacía.
Muchos fotógrafos buscan la luz, pero tú pareces buscar activamente su ausencia. ¿En qué momento el seudónimo NecrosHorns superó a Christopher Dean en tu vida diaria?
NecrosHorns es parte de mi ser. Siempre ha estado presente y pienso que trato de mantener un equilibrio entre mi arte y mi persona, pero, al mismo tiempo, es fácil sumergirse en él y perderse.
El black metal underground no es solo música, sino una subcultura celosa de su misticismo. ¿Cómo lograste ganarte el respeto y el acceso a bandas icónicas e increíblemente reservadas como Marduk, Nifelheim o Mortiis?
Pienso que, cuando trabajas y eres honesto contigo mismo, los demás lo notan. No voy a decir que todas las bandas quieran trabajar conmigo; hay algunas que no. Pero no trato de complacer a nadie, así que, al que no le guste, pues fuera.
Tu trabajo destaca por sus texturas crudas, sus contrastes violentos y una atmósfera opresiva que recuerda a los fanzines de los años noventa. En un mundo saturado de cámaras con enfoque automático inteligente y sensores de ultra-alta resolución, ¿cómo mantienes la imperfección y la «suciedad» visual en tus capturas?
Porque aprendí por mi cuenta y busqué mi identidad. No quiero una foto sobresaturada de reducción de ruido (noise reduction) que parezca salida de un libro para colorear. Quiero una foto con textura que, al verla, te dé la ilusión de poder sentir los relieves. Quiero una foto que muestre emociones. Esto lo aprendí mediante el ensayo y error.
Los conciertos de metal extremo suelen estar iluminados únicamente por luces rojas estroboscópicas, humo denso o, a veces, solo por unas cuantas velas en el escenario. Técnicamente, ¿cómo expones una fotografía para que no termine siendo solo ruido digital o una mancha negra? ¿Cuál es tu filosofía respecto al uso del flash en estos rituales?
El flash en un concierto debería castigarse con la pena de muerte. En cuanto a la técnica, me centro en el triángulo formado por ISO, exposición y apertura. No en la posproducción. Juego con estos tres parámetros y, al ver la luz, ya sé qué valores necesito. Mi cerebro ya está adaptado a ello. Para mí, la cámara es una extensión de mi ser y trabajo con ella en armonía.
¿Qué importancia tiene para ti el blanco y negro frente al color? Parece que despojar a la imagen del color purifica la intención del caos escénico.
Si fuera por mí, el mundo sería solo blanco y negro. Es como veo el mundo y como lo prefiero. Así que muestro a los demás el mundo que yo imagino. Prefiero que la gente se concentre en los detalles, en lugar de dejarse engañar por colores que hacen que se pierda el enfoque de lo que debería ser prioritario.
Cuando estás en el foso o entre el público en un concierto underground, la energía puede ser físicamente peligrosa debido al mosh, la sangre real de animales o el fuego. ¿Cómo logras abstraerte mentalmente para componer una imagen artística mientras esquivas golpes o fluidos en el escenario?
Pues no los evito. Es el riesgo que se corre. Ya he salido bañado en sangre, sudor, etcétera. La verdad es que eso no me importa. Lo único que me incomoda es la cerveza: detesto su olor.
Has mencionado en ocasiones que no buscas una foto «bonita», sino capturar la hostilidad. ¿Qué lenguaje corporal buscas en un músico para saber que has encontrado el «momento profano» perfecto?
Espero mientras otros hacen fotos sin parar y aguardo hasta conseguir lo que quiero capturar. Si no lo consigo, prefiero no publicar ninguna foto antes que publicar algo mediocre. Calidad sobre cantidad.
¿Existe alguna línea roja para ti? ¿Hay algo dentro de la violencia estética o de la parafernalia del metal extremo que te niegues a fotografiar por respeto al arte o a ti mismo?
Si una banda no me gusta, no la fotografío. Es importante tener una conexión con el sujeto; necesito sentir las emociones. Esto no es un producto para un anuncio comercial.
Trabajar con figuras como Mortiis implica retratar personajes que son auténticas representaciones artísticas vivientes. ¿Cambia tu enfoque cuando haces sesiones promocionales en estudio o exteriores respecto a la espontaneidad salvaje del directo?
La diferencia en las sesiones es que yo controlo la luz, a menos que sea al aire libre. En un concierto no tengo control sobre ella. Siempre trato de capturar la emoción, el espíritu y la esencia de cada uno, ya sea sobre el escenario o fuera de él.
La fotografía musical clásica suele idealizar a la estrella del rock. En cambio, tus imágenes parecen deshumanizar al músico para convertirlo en una entidad mitológica o demoníaca. ¿Es una intención consciente desde el momento en que coges la cámara?
Esta es la visión que tengo y la forma en que lo percibo. Siempre trato de rendirles tributo tal y como son, de acuerdo con mi visión.
Mirando hacia el futuro del formato físico, en una época en la que los discos se consumen a través de plataformas de streaming, ¿qué papel desempeña el arte fotográfico en los libretos de los vinilos y los CD? ¿Sigue siendo crucial para la experiencia del oyente de metal extremo?
Antes, cuando podías escuchar el disco antes de comprarlo, te dejabas llevar tanto por el arte visual como por el auditivo. Pienso que lo visual siempre será crucial, ya que ambas cosas van de la mano con la música.
¿Cuál es tu disco favorito y tu portada favorita?
¡Ufff, difícil! Hay muchos y eso depende mucho de mi estado de ánimo, pero me gusta mucho Crystal Castles y la portada de su álbum homónimo.
Define en pocas palabras al NecrosHorns profesional y al NecrosHorns en su día a día.
NecrosHorns = Christopher.
Christopher = NecrosHorns.
¿Cuál es tu equipo favorito para llevar a cabo tu trabajo? ¿Tienes alguna configuración fetiche o te gusta probar distintas opciones hasta obtener el resultado deseado?
La cámara Canon EOS R y el objetivo Sigma Art 50 mm f/1.4 son el equipo con el que más me gusta trabajar.
Después de toda tu trayectoria profesional, ¿te queda algún sueño por cumplir o hay algún artista o banda que todavía no hayas podido fotografiar? ¿Cuál sería? Y, si pudieras devolver a la vida a alguno de los artistas o bandas que ya no están entre nosotros, ¿a quién elegirías?
Me gustaría fotografiar a Mr. Doctor, de Devil Doll. Y el día que deje de soñar o piense que ya he conseguido todo lo que quería, será mejor que me retire.
Javi Metal
Un poco de mala hostia.
Una porción grande de locura.
Unas rayitas de alegría e ilusión.
Y como siempre bastante cabezón.
