DESASTER

Entrar al Joker’s House en Sant Andreu no es ir a una sala de conciertos; es meterse en la boca mas oscura del lobo.

Aquí el aire apesta a lo que tiene que apestar: gasolina, cuero viejo, tabaco de contrabando y electricidad.

En este búnker de hormigón junto al Besòs, no hay espacio para medias tintas. Esa noche, el barrio retumbaba con el rugido de las motos y el eco de los amplis que ya escupían fuego antes de empezar.

Llegue un poco justo para Cárcava pero los pude disfrutar de lo lindo con su Death Metal aplastante, la formacion se entrego sin dejar ni un resquicio de piedad con el personal.

Lo de Atonement no tiene nombre. Salva, Pau y A. son una apisonadora. Con un cantante que se une para cerrar un cuarteto de puro odio, los barceloneses desplegaron un set de Black/Thrash que sonó como una sierra mecánica, te despedazara trozo a trozo.

Empezaron a degüello con “El tirano del páramo” y “Eterno retorno”. El sonido era una bola de mala leche rebotando en las paredes de la pequeña sala, ya llena a reventar. Cuando tocaron “Gossos negres de la mort”, la sala ya era una olla a presión.

El cantante, a torso descubierto y poseído, escupía las letras como si quisiera purgar sus demonios sobre nosotros. Con “Metal oxidado” y “Jinete de la muerte”, el pogo era un hervidero de chalecos con parches y sudor chorreando del techo.

En el Joker’s no se escucha música, se hizo un ejercicio de autentica supervivencia metalera.

Pero el plato fuerte venía de Alemania. Desaster salieron a matar, sin postureos y sin efectos digitales, como se dice salieron a pelo, solo metal de trincheras.

Abrieron con “Satan’s Soldiers Syndicate” y aquello fue una declaración de guerra. Infernal es un maestro a la guitarra: riffs afilados, venenosos y con ese sabor añejo que solo los que llevan en esto desde los 80 saben sacar. A su lado, Odin es la imagen viva del Black Metal primigenio: cinturón de balas, cuero y una pegada al bajo que te retumba en el esternón.

Sataniac preside el caos con una autoridad que acojona. Nadie se atreve a tocarle las botas mientras canta himnos como “Devil’s Sword” o la pesadísima “Learn to Love the Void”.

Detrás, Hont es una ametralladora humana, no flaquean ni un segundo, manteniendo la maquinaria engrasada mientras el Joker’s se venía abajo literalmente.

El clímax llegó con el himno por excelencia: “Teutonic Steel”. Cientos de puños en alto y un solo rugido colectivo que casi revienta el techo.

No había extraños en la sala, solo una hermandad de borrachos celebrando que el metal sigue vivo y sigue siendo peligroso.

Para cerrar la masacre, nos regalaron un final fuera de guión: la gélida “In a Winter Battle” y una versión de Slayer, “Black Magic”, que convirtió el Joker en un manicomio.

Salimos a la calle con los oídos pitando y la ropa empapada y oliendo a cerveza y tabaco, pero con la satisfacción de haber estado en el sitio adecuado y en el momento justo.

El metal de verdad no está en los grandes recintos, está en estos zulos de Sant Andreu donde todavía se forja el acero.

Crónica: Javi Metal y Fotografías: Marta Caru