El Undeground del Estraperlo ardió con los americanos Ravagers – 18/06/2026. Sala Estraperlo (Badalona)
La noche en que el Estraperlo ardió en voltios con los americanos Ravagers. La atmósfera del Estraperlo no se mide en grados, sino en decibelios y electricidad estática.
El pasado jueves, la sala de Badalona dejó de ser un simple contenedor de cemento para convertirse en una trampa de frecuencias sísmicas, pese a la poca afluencia de gente al concierto. No había espacio para la contemplación pasiva.
Ravagers no subieron al escenario a dar un concierto; subieron a reclamar el control del aire, mediante una música que levantaría los muertos de un cementerio.
El detonante y la combustión fue, la primera nota de Public Hell funcionó como un interruptor de alta tensión. El sonido no fluyó, sino que nos golpeó.
La banda desplegó un muro sónico donde la distorsión de las guitarras parecía cortar el oxígeno. Temas como Razor Love y White Widow se encadenaron sin tregua, funcionando como proyectiles de pura urgencia urbana.
La propuesta de este cuarteto destaca por su falta de artificio. Cero pantallas con una iluminación que se redujo a lo básico, dejando que el sudor y el movimiento dominaran el espacio.
Los músicos masticaban cada acorde con una violencia controlada, más cercana al boxeo que a la interpretación musical. Sin filtros digitales, con un sonido analógico, sucio y saturado que vibraba directamente en el pecho de los pocos asistentes.
El punto de inflexión de la noche llegó con las composiciones de su reciente trabajo, On The Loose. Cuando sonaron los primeros compases de Dogs, la masa del público se compactó frente al escenario, rompiendo la barrera invisible entre artista y espectador.
No se respiraba el ambiente de un tributo a tiempos mejores, sino la urgencia del aquí y el ahora. Incluso al reinterpretar el clásico I’m Eighteen, la banda desmanteló la estructura original para dotarla de una velocidad y una agresividad contemporáneas.
El cierre del concierto se convirtió en un bucle de retroalimentación. La presión de la sala obligó al grupo a regresar dos veces al escenario, rompiendo el guion establecido de la gira.
Al encenderse las luces de la sala, el suelo pegajoso y los oídos zumbando eran las pruebas físicas de que el relevo del rock más salvaje no se anuncia en comunicados, sino que se impone sobre las tablas de un escenario de los bajos del Underground.
Crónica: Javi Metal , Fotografías: Alvar Luis Galbalda
Javi Metal
Un poco de mala hostia.
Una porción grande de locura.
Unas rayitas de alegría e ilusión.
Y como siempre bastante cabezón.
