El asedio sonoro de Katla y la monotonía de 1914 – 21/04/2026. Sala Upload (Barcelona)

La noche en la Sala Upload no fue apta para quienes buscan el metal como mero entretenimiento.

Fue una exhibición de fuerza bruta y rigor histórico, mínimo por parte de los escandinavos Katla.

La gira The War That Never Ends aterrizó en Barcelona, con una propuesta binaria: la depresión densa de los daneses Katla y el realismo bélico para un servidor un tanto lineal y aburrido de los ucranianos 1914.

Lejos de ejercer como teloneros convencionales, Katla desplegó un set que fue una lección de Sludge/Doom de manual.

El trío danés, liderado por el batería y la voz Rasmus Bang, demostró por qué la producción de Lasse Ballade en sus discos es solo un pálido reflejo de su potencia en vivo.

El bajo de Theis Stenberg Thorgersen fue el protagonista absoluto del set, moviendo masas de ondas sonoras que se sentían poderosísimas vibrando en nuestro pecho. Con temas como «Dead Lover» y la rabiosa «Grim Jesus», la banda construyó una atmósfera de saturación constante.

El clímax llegó con «Taurus». La colaboración de Vitalis Winkelhock (1914) a la guitarra no fue un simple gesto de cortesía, transformó el cierre en una pared de ruido blanco y distorsión que validó a Katla como una de las realidades más sólidas del metal extremo moderno europeo actual.

Tras el asalto de Katla, 1914 convirtió el escenario en un búnker oscuro y monótono.

Su directo, no es que no sea realmente bueno, ya que para un servidor su propuesta musical no termino de conectar con mi día conciertil. Los Ucranianos intentan ser una maquinaria de Black Death, pero se quedan a medias tintas.

La banda se presentó como un batallón, con Ditmar Kumarberg comandando una ofensiva sonora que comenzó con la violencia técnica de «FN .380 ACP#19074».

El sonido en la Upload no terminó de brillar en toda la noche, aunque permitió apreciar la pegada inhumana de Rostyslav Potoplyak en la batería, especialmente en cortes como «Vimy Ridge» a contra punto, eso si hubo una guitarra que prácticamente no se escuchaba en varios momento de su concierto.

Sin embargo, el valor diferencial de 1914 reside en el mensaje. Entre temas como «1918 Pt. 1: WIA», Ditmar rompió el ritmo para recordar que su música es un cementerio sonoro, trazando un puente directo entre el Somme de 1916 y las trincheras actuales en su país, quizás estos momentos de reivindicación repetitivos hicieron que la gente se desconectara de su música y perdiera un poco el interés por lo musical.

El cierre con «A7V Mephisto» fue un ejercicio de intento de terminar de aplastarnos, ya para ese momento de la noche un servidor habia perdido completamente el interés por los Ucranianos.

El riff principal, lento y mecánico como el tanque que le da nombre, puso punto final a una velada donde no hubo bises ni diversión por parte de 1914.

 

Crónica: Javi Metal y Fotografías: Alvar Luis Gabaldà