image00016

El viaje a las profundidades del metal extremo llegó a su fin. El pasado sábado, el recinto Atlantic Events de Barcelona acogió la tercera y última jornada del Drums of War 2026, un festival que, en su primera edición, ya ha dejado claro que ha venido a romper las reglas del juego.

Organizado por la asociación Manguales – Extreme Metal Union, el evento demostró que el público de este género está hecho de otra pasta: a pesar del cansancio acumulado tras dos días de pura tralla, los fans abarrotaron el recinto desde primera hora de la tarde. Nadie quería perderse las últimas balas de un cartel destructivo.

Los encargados de abrir fuego fueron los alemanes Nocturnal, auténticos supervivientes del underground germano con más de 25 años de carretera a sus espaldas.

Ajenos por completo a las modas, su concierto fue una bofetada de thrash ennegrecido de la vieja escuela. Con una velocidad endiablada y una crudeza que recordaba al black metal más primitivo de los 80, la banda incendió la pista desde los primeros compases, dejando claro que el sábado no iba a dar tregua.

Uno de los momentos más emotivos y esperados de la jornada llegó con Gates of Ishtar. La banda sueca, nombre de culto absoluto del death metal melódico de los noventa, regresaba a los escenarios tras una larguísima ausencia.

Para la ocasión, ofrecieron un set exclusivo centrado en su aclamado debut A Bloodred Path, que cumple nada menos que 30 años. Lejos de la cara más comercial del sonido de Gotemburgo, los suecos regalaron un directo visceral y gélido.

Himnos como «Inanna», «Tears» o la propia «A Bloodred Path» desataron la nostalgia de los más veteranos y conquistaron a los nuevos fieles en una comunión perfecta de melodía épica y brutalidad.

El gran golpe sobre la mesa de la organización para esta jornada fue el debut en España de Hellbutcher, el nuevo y salvaje proyecto del icónico vocalista de Nifelheim.

Lo que se vivió sobre las tablas fue un asalto de black/thrash con una actitud macarra, cuero, pinchos y cero concesiones. Con una precisión quirúrgica y una devoción absoluta por el metal más puro y underground, la formación desgranó los temas de su álbum homónimo.

Fue una lección de honestidad sónica: sin adornos, sin florituras, solo velocidad, oscuridad y actitud radical.

Si hay una banda que personifica el caos y la hostilidad en el escenario, esa es Impaled Nazarene. Liderados por el incombustible Mika Luttinen, los finlandeses ofrecieron su único concierto en el país este año y recordaron a los presentes por qué son leyendas del underground europeo.

Su directo fue un torbellino desquiciado que mezcló black, punk y thrash a revoluciones imposibles. Treinta años de carrera no han ablandado a la banda; al contrario, su concierto fue una exhibición de pura violencia sonora y desprecio nihilista que no dejó prisioneros.

La oscuridad más densa y fría de la noche llegó firmada por 1349. El cuarteto noruego, una de las fuerzas más devastadoras de la segunda ola del black metal, desplegó un ritual sónico abrasivo en su única fecha en España para este 2026.

Con el titánico Frost destrozando la batería a base de blastbeats inhumanos, la banda repasó clásicos de Hellfire y Demonoir junto a su material más reciente.

Fue una descarga vertiginosa, un muro de sonido impenetrable que convirtió el recinto en un auténtico infierno helado.

Los grandes pilares del death metal de Estocolmo, Unleashed, hicieron acto de presencia para celebrar el 35º aniversario de su obra cumbre, Where No Life Dwells.

Liderados por el eterno Johnny Hedlund, los suecos dieron una clase magistral de potencia, coherencia y elegancia brutal. El repertorio, profundamente enfocado en sus primeros discos, desató una marea de puños en alto y coros colectivos gracias a unos riffs demoledores impregnados de mitología nórdica.

Un directo aplastante que demostró que el combo sueco sigue envejeciendo mejor que nadie.

El broche de oro de esta primera e histórica edición del festival lo pusieron los titanes alemanes Destruction. Como uno de los pilares del thrash metal europeo desde 1982, Schmier y los suyos salieron a morder en su única fecha en España de este año.

La banda es una máquina engrasada a la perfección: riffs vertiginosos cortantes como cuchillas, una sección rítmica atronadora y la inconfundible voz de su líder comandando la batalla.

Repasando himnos atemporales de discos como Infernal Overkill o Eternal Devastation, los alemanes ejercieron de cabezas de cartel indiscutibles.

Cerrando el festival para un servidor ya que no pude quedarme a ver Aeternus por todo lo alto y dejando al público exhausto pero con la certeza de haber vivido unas jornadas históricas.

 

Crónica: Javi Metal y Fotografías: NecroShorns