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La oscuridad salvaje hizo presencia en pleno verano, el pasado 11 de agosto de 2026, y la penumbra se apoderó de nuestras almas.

La Sala Razzmatazz 3 de Barcelona se transformó en un templo de misticismo absoluto para albergar el esperado debut en por nuestras tierras de Blackbraid, el aclamado proyecto de black metal atmosférico con carices y raices indígenas.

Con el cartel de entradas agotadas colgado semanas antes para una noche muy especial, la atmósfera claustrofóbica y calurosa de la sala se convirtió en el caldo de cultivo idóneo para una ceremonia cargada de rabia ancestral, sangre y naturaleza salvaje.

El ritual, sin duda comenzó puntual a las 20:00 con la apertura de los excelentes catalanes Sotabosc.

Su propuesta de Black Metal arraigado como una árbol al suelo actuó como el preludio perfecto, al plato fuerte.

Con acordes densos, sonoridades lúgubres y una puesta en escena sobria pero gélida, la banda local evocó la oscuridad de los bosques tenebrosos y profundamente magicos.

Su actuación sirvió no solo para calentar los ánimos, sino para sumergir a los asistentes en un trance de melancolía sanadora, preparando el terreno para el cataclismo que estaba por descender desde el otro lado del Atlántico.

Pasadas las 21:15 de la nuit, las luces se extinguieron por completo (bendiciones nefastas para realizar fotos) y un silencio sepulcral, roto únicamente por el murmullo de sintonías folk de flautas nativas, inundó el recinto, antes de que nos asaltaran Blackbraid.

Fue entonces cuando Jon Krieger, bajo su imponente manto de Sgah'gahsowáh (El halcón brujo), tomó el escenario flanqueado por su demoledora y ancestral banda.

Desde el primer estallido de la batería, la sala se sumió en un vórtice de violencia visual y sónica. Los salvajes riffs desgarradores, impregnados de la herencia del black metal nórdico clásico, se mezclaban con el dolor histórico indígena, esa mezcla impactaron de lleno en las almas de todos los asistentes.

El sonido de la Razzmatazz 3, fue denso y asfixiante, esto amplificó la opresión de temas brutales como la mítica «Barefoot Ghost Dance on Blood Soaked Soil».

La voz de Sgah'gahsowáh resonó como un lamento fantasmal directo desde las entrañas de las montañas Adirondack.

El punto álgido de la velada llegó cuando la agresividad extrema dio paso a pasajes intermedios de una belleza sobrecogedora y oscura.

La perfecta transición entre el caos sonoro y el aura mística convirtió el concierto en un auténtico ritual indígena.

El público, completamente poseído, acompañaba cada tema de la manera mas loca (sobre todo el las primeras filas), todo bañado bajo las tenues luces rojas que iluminaban el escenario.

La primera visita de Blackbraid a Barcelona no fue un simple show de metal extremo; fue una demostración de fuerza ancestro indígena, una canalización de rabia histórica y espiritualidad oscura, que dejó a la Razzmatazz 3 de rodillas ante los espíritus de la naturaleza.

 

Crónica y Fotografías: Javi Metal