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La noche en que el metal extremo conquistó la Sala Foment Martinenc de Barcelona. El pasado sábado 14 de marzo del 2026, Barcelona no fue una ciudad, fue un campo de batalla.

Tras una espera que se antojaba eterna y el vacío dejado por la cancelación en el Obon Fest, las huestes del metal extremo tenían una cita con el destino. La Sala Foment Martinenc se erigió como el bastión donde el Death y el Doom metal dictarían su sentencia, y el ambiente, cargado de unas luces de un rojo carmesí, vaticinaba que lo que estaba por ocurrir no sería un simple concierto, sino una noche para la historia de la música extrema y todo gracias a la promotora Manguales Extreme Union.

La ceremonia comenzó con la oscuridad ritualista de Orthodoxy. Los valencianos, herederos del fuego infernal, no salieron a tocar; salieron a invocar.

Con la maestría de quien domina las artes oscuras, envolvieron la sala en una atmósfera opresiva y densa. Cortes como “Abyss of Aberration” resonaron como cánticos de un mundo olvidado, una descarga compacta que golpeó el pecho de los presentes y preparó el terreno para la tormenta que se avecinaba.

Fue el sacrificio inicial perfecto: puro Death Metal visceral que encendió la llama en los corazones death metaleros de Barcelona.

A las 20:20h, el aire se volvió pesado, cargado de una melancolía que solo los maestros pueden invocar.

Golgotha tomó el escenario liderados por la visión de Vicente Payá y la imponente presencia de María J. Lladó.

Lo que siguió fue un viaje emocional por los abismos del alma. Sus riffs, lentos y poderosos como el avance de un glaciar, contrastaron con la agresividad previa, ofreciendo una belleza sombría que detuvo el tiempo.

Con “Inmaterial Deceptions” y “Lonely”, la banda demostró que el metal extremo es también sentimiento y profundidad, una elegía sonora que dejó a la audiencia sumida en un trance de respeto y admiración por esta formación.

Pero el momento mas esperado de la jornada estaba reservado para los titanes. A las 21:20h, el suelo del Foment tembló: Asphyx había llegado, para aplastarnos.

Con el legendario Martin van Drunen comandando el asalto, los holandeses desplegaron una potencia que solo puede calificarse de devastadora.

Tras un saludo que rugió con la cercanía de un viejo camarada de armas, la banda desató una carnicería sónica, para desmembrarnos a todos los allí presentes.

Himnos como “Deathhammer” y “Last One on Earth” cayeron como golpes de maza sobre un público entregado al caos del mosh pit.

La voz agónica de Van Drunen, escoltada por la muralla de sonido de Baayens, Zuur y Hüskens, recordó a todos por qué son una leyenda viva del las sonoridades extremas.

Fue una hora y cuarto de pura gloria metálica, donde la brutalidad y la maestría se fundieron en un solo grito e hizo el concierto algo casi bélico.

La noche del 14 de marzo en Barcelona no fue solo un evento; fue un triunfo del autentico underground extremo.

Tres generaciones de metal extremo unidas en una sola voluntad, dejando claro que, mientras sigan tronando riffs como los de esa noche, el espíritu del metal seguirá siendo inexpugnable.

Crónica y Fotografías: Javi Metal