Crypta-4

El final del camino de la gira europea SHADES OF SORROW: FINAL RITES! no iba a ser una despedida cualquiera; iba a ser una puta carnicería sónica.

Badalona era la elegida para bajar la persiana, y la respuesta humana fue un rugido unánime. Desde horas antes, una marea negra y hambrienta de decibelios devoraba la acera a las puertas de la Sala Estraperlo.

Dentro, el ambiente era puro oxígeno inflamable: más de 300 almas apretadas, sudando metal y dispuestas a todo. No cabía ni un maldito alfiler.

Bloodhunter fue una tormenta perfecta de soberanía extrema, jugar en Barcelona para Bloodhunter es jugar en un coliseo que los idolatra. Y no es para menos.

Son los malditos arquitectos del Death Metal Melódico estatal, pero con una proyección que ya muerde el panorama internacional. Presentaban su colosal obra cumbre, Sons of the Abandoned, un disco que es pura orfebrería de técnica, vanguardia y sinfonía oscura.

Cuando estallaron los primeros acordes de ‘Threshold of Hell’, el pacto de sangre entre la banda y el público quedó sellado. Diva Satánica tomó el micrófono y el mundo se detuvo. Al grito de "Bona nit, Badalona!", demostró por qué no es solo una vocalista: es la VOZ guerrera, una deidad del Metal Extremo nacional que ruge desde las entrañas del infierno.

El viaje al pasado fue un martillazo tras otro. Clásicos como ‘Let the Storm Come’, ‘A Twist of Fate To Come’ y esa bestialidad llamada ‘Never Let It Rest’ desataron la locura.

En los flancos, los guitarristas se batían en un duelo a muerte intercambiando solos milimétricos. El bajista era un torbellino poseído por el headbanging, mientras que a la izquierda, Adrián Perales, luciendo con orgullo la camiseta del Move Your Fucking Brain, dictaba la sentencia de muerte desde una batería demoledora, precisa y destructiva.

La vuelta al presente llegó con la majestuosa ‘Sons of Abandoned’, un corte de melodías insólitas que hipnotizó a la sala. Allí, todas las miradas se clavaron en Dani Arcos, amo, señor y cerebro detrás de estas composiciones perfectas.

El aquelarre continuó con las demoledoras ‘Masters of Deceive’, ‘The Outspoken’ y ‘The Devil´s Own’, guardando un cartucho de nostalgia pura para revivir su debut con la magnífica ‘Bring Me Horror’. Una exhibición de absoluto poderío, fue su concierto.

El ritual de las huestes brasileñas, fue una carniceria, la tensión se palpaba en el aire. El público, consciente de que se avecinaba algo histórico, se negó a soltar su posición en el foso, nadie quería perder su sitio de privilegio. Ni las escaleras daban tregua y doy fe.

Cerca de las 22:00, el retraso acumulado solo sirvió para aumentar las ansias de sangre. Y entonces, las huestes comandadas por Fernanda Lira asaltaron el escenario.

Crypta no venía a experimentar; venía a sentenciar su legado repasando a machetazos Echoes of the Soul y su aclamada obra negra Shades of Sorrow. Cuatro guerreras, cuatro ejecuciones perfectas. En el centro, la magnética Fernanda Lira mirada felina delineada en negro, melena flotando al viento y esa dualidad desquiciada entre la mueca de pura maldad y la sonrisa cómplice.

Aunque intentaron mantener la fachada de frialdad extrema, la respuesta de un público de matrícula de honor, les arrancó destellos de auténtica felicidad. En las guitarras, el contraste era letal: la nueva incorporación, Victoria Villarreal, concentrada, monolítica y firmando una actuación soberbia, al otro lado Tainá Bergamaschi, erigida como la jefa indiscutible de las seis cuerdas con rostro de pocos amigos y una pegada brutal.

Y detrás, sosteniendo el peso del universo, la titánica Luana Dametto. Lo de esta mujer no es de este planeta. Luana es el puto motor sónico de esta máquina brasileña. Su maestría para castigar el kit de batería, transitando con una soltura insultante entre contratiempos salvajes, redobles demoledores e incluso sutiles y elegantes giros jazzísticos, eleva el Death Metal de Crypta a la categoría de arte. Una de las mejores bateristas del planeta, sin importar el género.

La puesta en escena de las brasileñas fue sobria, casi ritualista y estática por momentos, un misticismo frío que a los amantes del metal más visceral les pudo parecer falto de dinamismo, pero que a otros evocó la crudeza del Black Metal más cortante.

Sea como fuere, la realidad es indiscutible y Crypta llegó, ejecutó su ritual de muerte y dejó a Badalona de rodillas, pidiendo clemencia.

Una noche inolvidable de metal extremo en vena.

 

Crónica: Javi Metal , Fotografías: Marta Caru