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Cuando la nostalgia se vuelve carne y música de alta calidad.

Hay discos que no se escuchan; se habitúan. Para mí, Operation:Mindcrime de Queensrÿche es un hogar musical, una obra perfecta que me sé de memoria, compás por compás. Por eso,  ya uno a normalizado que el señor Geoff Tate vaya dando conciertazo tras contiertazo  y emocionándonos a todos los presentes cada vez que se sube a una escenario.

Sabía perfectamente las canciones que iba a oír, aun así las pude disfrutar como si fuera la primera vez, da igual las veces que vea yo ha este señor, siempre salgo con una sonrisa de lado a lado. Tate va escoltado siempre de fantásticos músicos, la banda, sin grandes nombres, demostró una solvencia técnica impecable, replicando cada solo con precisión quirúrgica y una alegría desbordante.

Las formaciones que teloneaban al americano fueron el cantautor en acústico James Keegan  que se me hizo algo extraño y aburrido su propuests y Ogma la fantástica formación de Hard Rock formada por los músicos que acompañan sobre el escenario a Tate.

La catarsis comenzó en la oscuridad y con la banda tomando el escenario. Sonaron las notas de "I remember now" y el ambiente estalló. Cuando el crescendo de "Anarchy-X" erizó mi piel, una sonrisa incontenible me cruzó el rostro. Fue el preludio perfecto para el estallido de "Revolution calling" y poder presenciar ha este hombre cantando.

Ataviado con su sombrero negro y sus gafas de sol, el vocalista de Seattle demostró conservar una garganta inmaculada una vez mas. Su genialidad no radicó solo en la impecable ejecución vocal, sino en su magnetismo escénico que atesora de manera natural. Tate entiende que la música es teatro, y su interpretación dramática elevó la historia conceptual del álbum a otra dimensión.

La noche adquirió tintes épicos desde los primeros compases. El repertorio avanzó como una apisonadora emocional. El realismo fue absoluto, reforzado por la presencia de banda compacta y que sigue de manera muy natural a su líder.

La comunión con el público llegó a su clímax durante "Into the eyes of a stranger" y "I don't believe in love", donde la audiencia se dejó la voz en cada estribillo.

Cuando creíamos que la descarga de adrenalina había terminado, la banda regresó para un fin de fiesta histórico. El set de bises fue un ataque directo al corazón de los fans: "Empire", "Jet City Woman", la emotiva "Silent Lucidity" y el cierre definitivo con "Queen of the Reich". Un broche de oro a la noche sin duda.

Abandoné la Sala Salamandra de nuevo en un estado de éxtasis absoluto, consciente de haber presenciado no un concierto inmenso, sino probablemente una actuación que bien mereció ser vista en un teatro.

 

Crónica y Fotografías: Javi Metal