Barcelona ardía en su última noche de festivales del fin de semana, pero el verdadero fuego no estaba en los fuegos artificiales ausentes de La Mercè, sino bajo el techo de La Carpa.
Había un aroma eléctrico de apuesta alta en el aire: el doble de almas congregadas respecto al año anterior, una marea humana tan imprevista que devoró hasta la última gota de cerveza del recinto antes de lo planeado.
Sin embargo, el caos logístico se disipó rápido gracias a una organización que supo capear el temporal. Lo que quedaba por delante no era una simple sucesión de conciertos, sino una liturgia total de metal oscuro.
Muy a mi pear no pude llegar a ver a los magnificos SotaBosc, todavia tengo en mente el maravillos concierto realizado en agosto como teloneros de BlackBraid en Razzmatazz 3, de seguro los volvere a ver en Barcelona en breve.
El relevo de la jornada lo tomó Hela. Los de Alicante decidieron congelar el tiempo. Su aproximación al doom metal transformó por completo la atmósfera del recinto.
Se acabaron las prisas: guitarras afinadas en el subsuelo y composiciones kilométricas. Canciones como "Vessel to Nowhere" y "Crystal Bridge" funcionaron como una demostración perfecta de contraste, manejando con maestría el volumen y el silencio, donde la emotividad de la voz flotaba sobre un mar de distorsión asfixiante.
Aunque un tanto monotonos, cumplieron con creces, demostrando que el underground estatal tiene músculo de sobra para mirar cara a cara a los gigantes internacionales.
Con el ambiente ya enrarecido, Evoken subió al escenario para oficiar un entierro en toda regla.
Los de Nueva Jersey traían los galones de la historia, pero su concierto se movió en una línea tan recta que rozó la monotonía.
A pesar de su indiscutible solvencia técnica y de joyas mutables como "Matins", su propuesta de funeral doom académico no terminó de despegar del suelo y se hizo algo repetitiva.
Hubo detalles escénicos magnéticos, como el bajista Dave Wagner portando calaveras en la intro del show, o la brutalidad del guitarrista John Paradiso, cuyas guturales profundas emergían como un eco espectral desde el flanco derecho.
Las brumas del teclado envolvieron un set lento y gris, donde las guitarras no terminaron de brillar del todo. El público observó con un respeto casi reverencial, helado ante una propuesta sumamente pesada, quizás en la total oscuridad de la medianoche, habría tenido un impacto mucho más devastador.
La expectación por ver a los suecos Tiamat era total y desde luego eran uno de los grandes atractivos del festival.
Johan Edlund, enigmático con su sombrero de vaquero y gafas de sol, subió al escenario dispuesto a inyectarle glamour a la oscuridad.
El arranque con "In Dreams" y el juego de sus dos voces encontradas fue pura magia. Clásicos como "Clouds" y "Smell of Incense" resplandecieron bajo ráfagas de luces rojas y verdes, y el idilio con el público pareció sellarse cuando Edlund soltó un sincero "Amo a España" antes de encarar "The Sleeping Beauty".
Esta claro que A la voz de Johan se le notaron los años y el desgaste, pero eso no quito merito a su concierto, sonaron himnos de estudio como "Vote for Love" o "Brighter than the Sun".
El cierre con "Gaia" y el rescate de "The Ar" cerro un concierto que a un servidor le gusto muchisimo.
Quienes hemos seguido a Paradise Lost durante décadas sabemos que sus directos a veces flaquean por culpa del sonido, de repertorios cuestionables o de actuaciones inusualmente cortas. Olviden todo eso. Lo que los de Halifax firmaron en Barcelona no fue un concierto: fue una redención histórica.
Desde que el quinteto tomó posiciones frente a su enorme logotipo, con el batería Jeff Singer parapetado tras una mampara, quedó claro que no venían a cumplir el expediente.
Arrancaron con la demoledora "Serpent on the Cross", demostrando la vigencia imperial de su álbum Ascension. Inmediatamente después, rompieron los esquemas del público viajando a la melancolía electrónica de "One Second" para enlazarla con una vibrante e intensísima "The Last Time".
El sonido rozó la perfección, nítido y poderoso.
Nick Holmes ofreció una de las mejores interpretaciones vocales que un servidor recuerda con esta banda y eso que los he visto muchisimas veces en directo.
La primera mitad del concierto fue un bombardeo de clásicos ejecutados con una solidez aplastante: "The Enemy", la histórica "As I Die" que desató la locura colectiva, y una gótica "Salvation" adornada con sonidos de campanas y cuervos.
Gregor Mackintosh dictó cátedra con su figura esquelitica y muy heavy, guiando a la banda incluso en los terrenos más imprevistos. Aunque los más puristas siempre lamentaremos que del imprescindible Icon solo rescaten "Embers Fire", la noche fue tan perfecta que se les perdonó todo, cerrando la velada por todo lo alto con la frescura reciente de "Ghosts" y "Silence like the Grave".
Hacía años que no se veía a unos Paradise Lost tan pletóricos, justificando y reafirmando su leado musical, en un marco tan bonito como es el emergente Okkult Session.
Crónica y Fotografías: Javi Metal
Javi Metal
Un poco de mala hostia.
Una porción grande de locura.
Unas rayitas de alegría e ilusión.
Y como siempre bastante cabezón.
